lunes, 28 de abril de 2008

Literatura Latinoamericana, Ana Pizarro


Introducción


Ana Pizarro, investigadora chilena de la literatura Latinoamericana, en la introducción de la Obra de recopilación de varios autores: “América Latina: Palabra, literatura y cultura”[1] , describe muy plásticamente la relación, en el momento del descubrimiento y conquista, entre dos imaginarios, los de origen y los de imposición. Los primeros en silencio, observando impávidamente el descenso de los barcos de los segundos, los cuales estaban conformados por “…amazonas, acéfalos, gigantes, ciudades utópicas, construcciones de eterna felicidad, fuentes de eterna juventud…” A ello se agrega el descenso de seres anteriores al mundo griego, difundidos por Marco Polo y Mandeville.
Estos imaginarios estuvieron y están enfrentados, ya que la lucha no termina con la muerte física sino que se acrecientan, porque los de imposición se convierten en un discurso de lo idéntico para desplazar a los de la diferencia, como solución final al problema de la otredad.
Pero el desplazamiento no fue esmerado, hubo resistencia y respuestas variadas ante el mandato canónico peninsular, por lo que estudiar la realidad latinoamericana impone una demarcación en múltiples direcciones. Demarcar el mundo indígena del africano, la demarcación cultural con Europa, la demarcación tenue entre Hispanoamérica y Brasil.
No lo va a hacer sino mediante una reflexión comparativa apuntando a reconstituir una sociedad en donde la diferencia es desplazada por el discurso hegemónico, el cual partiendo del imaginario descripto, se llega a la razón europea con un discurso legitimador de la empresa. La tradición literaria europea es una propuesta seleccionada por las necesidades de la ocupación colonizadora, la que crea modelos que son absorbidos en la Colonia y que generan a su vez otros que no siempre responden al original. Según expresa Mabel Moraña, apropiarse de los cánones imperiales era de alguna manera también una forma de traer al continente los universales humanísticos del Imperio.
Las cortes virreinales se llenaban de los moldes artísticos del mundo ibérico. El espíritu de la lírica trovadoresca, enriquecido por la lírica popular galaico-portuguesa y mozárabe, así como por la poesía italianista que la remozaba, ganaba el ámbito de la poesía escrita en endecasílabos en las cortes virreinales. Era una lírica que en el siglo XVI se movía en los ámbitos de la naturaleza, el amor, los mitos greco-latinos, mientras los mitos de origen observaban impávidos en su morada de silencio.
Introducción Volumen I : Una situación colonial.


En primer lugar, Ana Pizarro como organizadora del presente trabajo plantea la necesidad de una perspectiva que podría clasificarse de histórico literaria comparativa, en oposición a una perspectiva histórico literaria tradicional, asentada en la secuencia de la contingencia y el relato particularizado. Por el contrario se pretende dar cuenta de una realidad múltiple en manifestaciones y plural en líneas de mundo simbólico.
Oralidad, diversidad de estratos míticos, formas diferentes de escritura, transcripción, traducción, multiplicad de lenguas, textualidades variadas, receptores inscritos en órdenes culturales altamente diferenciados, e incluso antagónicos. Así se desliza el gesto, el texto, la fiesta, la musicalización, el detalle arquitectónico, el ritual fúnebre, la simbología pictográfica, la escritura ideográfica, la versión oral, la transcripción, la transposición a un código cultural diferente, el alfabeto.
Frente a esta realidad no podemos pensar la historia en términos de un esquema lineal y unicultural, sino más bien concebirla como articulación de series o sistemas que, al yuxtaponerse, enfrentarse, transformarse o encabalgarse, no pueden ser absorbidos en una significación única sino en niveles diferentes y en formas de relación. Los trabajos sobre el período colonial en los últimos años han dado pasos importantes en este sentido: las investigaciones del presente volumen abren nuevos espacios en esa dirección.
En esta multiplicidad de direcciones de las expresiones culturales del período, es importante la pluralidad de las prácticas discursivas orales y escritas en el Nuevo Mundo en una doble línea de tradiciones. Por una lado la oralidad, la plasmación pictográfica, la ideográfica e incipientemente fonética; por el otro la literatura escrita y en lengua europea.
Así se perfila la dominación y la subalternidad para establecer el canon de la literatura que desembarca, desplazando hacia la ilegitimidad a las manifestaciones equivalentes de las culturas originarias. El canon se estructura en la escritura, y para cuestionarlo es necesario plantarse en la oralidad. De ese modo se puede superar el desplazamiento e ilegitimación de las expresiones culturales originarias.
Según Pizarro, y para mí la tesis del artículo, no se trata de transformar el canon sino de reformular el corpus. Al cuestionar el canon desde la oralidad queda en evidencia que el corpus de la literatura del período colonial todavía está en constitución.
En el plano del extenso trabajo de demarcación y estudio de expresiones culturales múltiples, se impone que la discusión relativa al canon en la situación colonial tiene que ver con varias cuestiones:
1. El cuestionamiento del canon como tal.
2. La diferenciación entre canon peninsular y canon colonial.
3. La constitución del corpus
4. La evolución de la función literaria.

Con respecto a esta discusión, dice Mignolo: el canon representa la estética y el gusto de quienes regulan la práctica discursiva, mientras que el corpus refleja los principios que regulan el quehacer del estudio de las prácticas discursivas.
En relación a este corpus en formación, hay una omisión tradicional de la unidad cultural luso-brasileña, donde ha prevalecido una hegemonía hispanoamericana. Existen zonas colindantes que desarrollarán un imaginario común más tarde, como sucede con río Grande do Sul, Uruguay, el Norte argentino y el mundo gaucho. No hay un trabajo en este volumen, de un desarrollo comparativo de las dos unidades culturales, Hispanoamérica y Brasil.
Toda esta situación lleva a que el desarrollo de los estudios literarios latinoamericanos logre construir un corpus, un objeto de estudio en donde las líneas de desarrollo paralelo y de diferenciaciones leves, así como sistemas que expresan tiempos culturales diferentes y a veces antagónicos, se articulen no ya en la dirección lineal y monocultural de la historia literaria tradicional, asentada sobre un único canon de raíz metropolitana, sino en líneas plurales en relación, en sus complejos movimientos de contacto, en sus juegos de hegemonías y subalternidades, de paralelismos, de desfasajes, de rechazos o de integración.

En la observación de la imposición del canon se destacan otros fenómenos propios de la situación colonial:
· La emergencia de un canon colonial al interior mismo del canon peninsular y que traza una línea que va de los autores como el dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón, al caso ya muy perfilado de sor Juana Inés de la Cruz. Esa alteridad se genera en el interior mismo del canon metropolitano. Organiza en su desarrollo un discurso diferenciado, creando además un canon colonial.
· Hay una evolución de la función literaria colonial que es necesario tener en cuenta en la reflexión con respecto al canon. Los primeros textos de los que se considera la literatura del período, no posen una voluntad productora de discurso simbólico con carácter estético. Su función es más que nada instrumental. Se escriben con la obligatoriedad de informar. Mignolo apunta que los textos de los primeros conquistadores están dentro de la historia literaria, no por haber sido escritos con la intención de escritura en hacer literatura o historia, sino que al ser recuperados del pasado conforman, desde una perspectiva de recepción, ciertas propiedades literarias.
Se los considera no por sus propiedades estéticas sino en tanto documentos fundamentales de nuestra cultura, como textos que se escriben en un acto fundacional. La fundación es un acto simbólico, un acto de cultura y por lo tanto de construcción total.
En Brasil, según Alfredo Bossi, los textos de viajeros y misioneros que hablan sobre el hombre y la naturaleza de la tierra nueva: de Vaz de Caminha, Lopes de Sousa o Fernão Cardim, entre otros; diseñan las “condiçöes primitivas de uma cultura que só mais tarde poderia contar com o fenómeno da palabra-arte”.
· En esa evolución de la función literaria, aparecen textos que ganados por una concepción canónica desarrollan perspectivas de otra voz. Como en el caso de la Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga (1569, 1578, 1589).
· Otra función que aparece en esta evolución, es la de reproducción de la corte metropolitana y sus pautas lejanas, su sociabilidad, sus festividades en las cortes virreinales. Se tratará entonces de la literatura cortesana de los virreinatos: loas, sonetos y elegías, desplegarán las dimensiones placenteras del mismo barroco. Dice Beverly: la teatralización, la alegoría, la ceremonia, el exhibicionismo son la esencia del poder virreinal, no simplemente su expresión.
· La otra literatura, la de la oralidad que consignan los mismos indígenas, que transcriben cronistas y misioneros permanece como corriente soterrada a partir del momento de la conquista. Adquieren a la par de la función que desempeña en su cultura, sea estética, ritual, o lúdica, una función de resistencia cultural que los impulsa a un repliegue de defensa étnica. Una función similar tendrán los discursos orales de origen africano. Sus ritmos y voces adquieren presencia en algunas manifestaciones del sistema literario ilustrado y se hacen texto en algún poema de sor Juan, se intuyen en la sátira de Gregorio de Matos.
· Construcción del imaginario social: la subjetividad del discurso que propone este imaginario, como veremos, se gesta a través de la mirada del otro, a través de la fisura de la mirada canónica, a través de la explosión de la unicidad de la mirada autorial. La imagen que se va formando de sí mismo el continente está permanentemente atravesada por la mirada del otro, en el marco de un proceso ideológico que se ha dado en llamar la “conciencia criolla” y que parece ser evidente ya en los primeros decenios del siglo XVII. Se constituye dentro de una tradición occidental y que al mismo tiempo construye frente a ella su propia subjetividad.
· Dos vías de construcción simbólica. Aquella que se orienta a la modernización desembocando en la segunda década del siglo XX en las vanguardias estéticas. La otra que se abre a espacios olvidados de la realidad continental estimulada también, por los importantes descubrimientos de la antropología europea –Machu Pichu, Popol Vuh, el Chalam Balam, entre otros- se desprende del realismo nacional e histórico de posrománticos desplazándose a los regionalismos.
En las primeras décadas del siglo XX ellos toman distintas formulaciones: indigenismo en el área andina, criollismo en parte de las mesetas centrales y sur del continente. El afroamericanismo como expresión encuentra su voz sobre todo en poesía y tiene gran presencia en el Caribe y la costa Atlántica, alentado por el influjo del jazz y el renacimiento del Harlem, del que daban cuenta a su vez los vanguardismos europeos.
Estas dos líneas de orientación conviven, polemizan, se disputan y también se mezclan.
· De la emancipación hasta su expresión regional, el discurso literario genera ya sistemáticamente formas de relación con sus modelos que venían insinuándose desde el período colonial y que se originan en su peculiar situación de cultura periférica, en donde no puede absorber completamente al modelo. El romanticismo americano jerarquiza la historicidad por sobre el regodeo subjetivo del modelo francés.
No existe una correspondencia entre el momento en que las corrientes culturales emergen, se desarrollan y decaen en su evolución. Se producen fenómenos de superposición. Ejemplo: presencia paralela neoclásica y romántica en Bello, o la complicada construcción de corrientes que caracteriza al modernismo hispanoamericano.
· En el caso de la apropiación del modelo europeo, otro fenómeno es el de descentramiento de los elementos respecto de su significación original. Roberto Schwarz lo ha desarrollado con claridad con respecto al Brasil y lo ha llamado “las ideas fuera de lugar”.
· Siguiendo con el tema de apropiación, se da también en el caso de las perífrasis, el hipérbaton, las oposiciones, los juegos del discurso modelizante, la órbita de Góngora sobre todo, como la de Quevedo en parte, ofrece la posibilidad nítida –en sor Juana por ejemplo- de estrategias de enmascaramiento para una propuesta transgresora.
· Las culturas indígenas están presentes en la evolución del discurso de formación de esta literatura que construye su expresión como voz de la subalternidad, se diseña como permanencia bastante soterrada, a modo de bajo continuo que asume parcialmente otras funciones. Ejemplo los cantos floridos de la poesía azteca en Bernardo Balbuena o Sigüenza y Góngora, los elementos reiterativos, de yuxtaposición o el uso del estribillo en alguna poesía lírica.
· Los mitos de origen permanecen y se reeditan con el tiempo en ritmos y proverbios, repeticiones y antítesis, en la acumulación incesante que da el carácter de la oralidad. Ej. Guaman Oma de Ayala con su verdadera crónica “alternativa” del área andina.
· El fenómeno de la traducción tiene sus características propias. En la traducción de los discursos indígenas al español o al francés el sujeto que investiga no es neutral sino que observa desde su cultura. Si no existe neutralidad en la lectura, ésta tendrá aún menos posibilidades de existir en condiciones en donde el discurso que es hablado lo hace a través de una voz que expresa a la situación hegemónica. Tal es lo que acontece con las traducciones de la discursividad indígena. Como observaba Ángel Rama, reproduce la cultura en la que está inmersa el traductor.
· Espacios de la alteridad: se trata de un espacio diseñado desde el lado europeo por la literatura de viajes, en donde como se podrá ver en los textos que publicamos, lo legendario y lo auténtico, la fábula y la observación diseñan el imaginario que se proyecta o se encuentra en la Tierra Nueva.
· Finalmente para considerar el momento de surgimiento de la literatura latinoamericana, la autora elabora cinco opciones:
o La literatura geográfica surgiría con el texto de del diario de colón al diseñar el espacio de la alteridad
o Se iniciaría en un espacio establecido por el imaginario de la literatura geográfica europea en lo que después se sabrá- es el Nuevo Mundo paralelamente con el imaginario desarrollado por las formaciones discursivas de la oralidad que enfrenta los sucesos. Formaciones perdidas en la historia, es cierto, pero similares a las recogidas en los “Presagios funestos” del códice en relación a la llegada de Cortés a México.
o La tercera opción es que ella surgiría en el momento de la fijación y el desplazamiento de las tradiciones amerindias, en donde la textualitad alfabética absorbe a la otra cultura, lo que implica el establecimiento de la relación en culturas hegemónicas y subalternas.
o Otra opción es pensar al surgimiento de la literatura como el momento en que se textualiza una voluntad estética, de carácter occidental.
o Finalmente, podría pensarse el surgimiento en el momento en que comienza a forjarse el discurso de subjetividad alternativa al canon metropolitano perceptible a través de marcas textuales.

Frente a una problemática tan variada, el desafío mayor implica el trabajo de una perspectiva histórica de nuestros discursos, y aprehender el movimiento de su pluralidad, lo que significa su proceso de evolución al mismo tiempo que la dinámica que diseña su espesor, para lo cual es necesario incluir las múltiples expresiones culturales para probar, finalmente que los mitos originarios antes que permanecer callados, estaban aturdiendo con sus infinitas voces, y como fondo, más allá del canon de la escritura.

[1] América Latina: Palabra, Literatura y Cultura. Organizadora Ana Pizarro

2 comentarios:

juanmas21 dijo...

muy bueno el aporte
sabes, me piden la periodizacion de ana pizarro con respecto a la literatura hispanoamericana
si me la podes pasar te dejo mi correo asi me mandas un mail.
juan_repiola1@hotmail.com

accion reacción dijo...

Hola, me gustaría saber si tienes algún contacto con Ana Pizarro, soy una estudiante de arte que vive en Canadá y viajará a Chile luego, me gustaría hacer un proyecto sobre ella. Me puedes escribir a justina.uribe@gmail.com ?
Gracias y felicitaciones por el blog.